EDITORIAL DEL AUTOR 22/03/2002
CONTRATO DE SOCIEDAD (1)

Acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción

Principios generales

Una cosa es la representación colectiva de los trabajadores en la empresa y otra muy distinta la intervención de los trabajadores en la empresa como consecuencia de su propiedad de parte de los medios de producción. Esta intervención es una realidad, aquella representación colectiva es una ilusión.

La representación colectiva no es otra cosa que un mal sistema de relaciones públicas. A través de los Comités de Empresa se llega a entablar cierta comunicación con la empresa pero es insuficiente para que los trabajadores se consideren como algo más que simples sujetos de trabajo asalariado. El trabajador quiere sentirse vinculado a la empresa con lazos más profundos, quiere beneficiarse con parte de las utilidades y ver como «su empresa», prospera y crece. Al proporcionar al trabajador los medios necesarios para acceder a la propiedad de parte de la empresa, se le proporciona, al propio tiempo, una autodefensa contra la deshumanización industrial.

La forma en que la industria ha crecido al impulso de la revolución tecnológica, exige la presencia de grandes concentraciones de capitales, mientras el elemento humano ha ido quedando sumido en el más absoluto anonimato. La persona queda sustituida por el hombre, el trabajador se convierte en el apéndice de la máquina, el técnico queda absorbido por el equipo, y el invento individual por la investigación colectiva. En tales condiciones, el trabajador queda a merced de la frialdad de unas relaciones laborales completamente impersonales. Cuánto más grande es la empresa, más insignificante se siente, tan empequeñecido, que cuando le dicen que está representado frente al empresario por el Comité de Empresa, es para tomarlo a broma.

La intervención obrera en la empresa se manifestará de otra forma siempre que aceptemos como premisa que la intervención debe ser consecuencia de la copropiedad, y que esta copropiedad no debe ser simbólica sino real, en grado suficiente para que la participación de los trabajadores sea eficaz.

Integración de los trabajadores en la empresa.

1. La empresa es una unidad económica.

2. La empresa tiene órganos de dirección únicos, nombrados estatutariamente y de acuerdo con el ordenamiento positivo.

3. Los trabajadores intervienen en la empresa por derecho propio, al ser copropietarios de la misma en conjunción con el elemento capital.

4. Los trabajadores tienen una doble relación con la empresa: la primera formando un bloque económico de aportación del 50 por ciento del capital social. La otra relación es la normal de trabajadores ? empresarios, en la que prevalece el contrato de trabajo.

5. La relación trabajo ? capital debe ser paritaria, es decir, no se contemplan distintos grados de participación de los trabajadores por debajo ni por encima del cincuenta por ciento. Es conveniente, desde el principio, no ambicionar una supremacía en la participación económica del trabajo por encima de la del capital, o viceversa. Se inicia un período de real y franca unión del capital y del trabajo, en igualdad de derechos y deberes, con metas comunes y persiguiendo, para ambos bloques, la máxima rentabilidad de la empresa.

6. Órganos de dirección únicos. Deberán prevalecer los intereses de la empresa que son los intereses de los componentes capital?trabajo.

7. La integración de los trabajadores en los órganos de dirección es en función de su participación económica y no de su filiación sindical ni de su carácter de trabajador.

8. Los trabajadores, por el solo hecho de trabajar en la empresa, tienen el derecho y el deber intransferibles e irrenunciables de participar en la propiedad de los medios de producción. Este derecho sólo se extingue en el caso de dejar de formar parte de la nómina del personal.

Fundamentos económicos

El proyecto de esta figura contractual lo baso en tres premisas:

1. Necesidad de su tratamiento jurídico apoyado en exigencias de carácter práctico.
2. Planteamiento compatible con el actual orden económico.
3. Su desarrollo no es conflictivo, es decir, no contradice determinadas estructuras básicas.

El fundamento económico de la participación obrera en la empresa con el Contrato de Sociedad viene condicionado por la necesidad. Esta participación no es una concesión emocional, ni forma parte de un experimento destinado a halagar a la clase obrera y, menos aún, un medio velado de fastidiar a los empresarios. Por el contrario, es una vía necesaria impuesta por el deterioro a que pueden llegar las relaciones capital?trabajo

La participación obrera en la empresa se impone como resultado de la revisión de la normativa en materia de contrato de trabajo. Esta relación laboral es la afirmación de la prestación y la contraprestación, el trabajo y el salario, los trabajadores y los empresarios: dos potencias enfrentadas en una contienda contradictoria en la que cada parte trata de conseguir porciones de un producto económico cada vez más escaso

El fenómeno de cierre definitivo de empresas no es coyuntural sino que es estructural. La crisis económica no es por falta de consumo o por superproducción, sino que es una crisis de ausencia de participación. El hundimiento de empresas es por no poder soportar los costos siempre crecientes, con el elemento mano de obra a la cabeza, sin hallar contrapartida en la productividad y, consecuentemente, en la rentabilidad de la empresa. Cualquier solución que se pretenda buscar que no tenga como punto central asegurar la rentabilidad de la empresa, está destinada el fracaso. Esta rentabilidad puede asegurarse de dos formas:

a) Remendando las estructuras económicas actuales, lo que puede constituir un respiro más o menos largo, pero que no asegurará, a ningún nivel, el ataque al desempleo.
b) Con la alternativa de introducir paulatinamente un nuevo sistema de trabajo con la rentabilidad como punto clave, rentabilidad compartida y distribuida con modelo paritario entre empresarios y trabajadores.

Deben establecerse los siguientes parámetros:

1. Es justo que los trabajadores deseen tener mayores ingreso que les sean suficientes para
disfrutar de un nivel de vida más elevado.
2. Es justo que los empresarios inversionistas aspiren conseguir los rendimientos que compensen la inversión y el consiguiente riesgo. De lo contrario, es justo que se abstengan de invertir y prefieran obtener ingresos en forma de intereses de los capitales que presten, ni que sea comprando Deuda Pública.
3. La causa de los problemas de la empresa es la falta de rentabilidad y uno de los motivos principales de esta falta de rentabilidad es el costo siempre en alza de los sueldos y salarios, sólo soportable para la empresa si la inversión del capital es rentable.

Todos estos comentarios pueden convertirse en simples divagaciones si nos limitamos a señalarlos y pensar que ya hemos cumplido con nuestra parcela de solidaridad, contemplando impasibles como los empresarios liquidan sus empresas por falta de rentabilidad y los trabajadores van engrosando las filas de desempleados viviendo temporalmente del erario público. No. Deben buscarse soluciones. Soluciones que proporcionen trabajo cierto, no promesas indefinidas. El Proyecto “globalizarlavivienda”, parte fundamental de La Tercera Vía, proporciona empleo de inmediato. Las iniciativas políticas pensadas sólo para aumentar el caudal electoral, se convierten en frustraciones para los que carecen de un puesto de trabajo, convirtiéndose en indigencia, abandono y desesperación, tres componentes que embrutecen y descomponen a millones de desempleados.

Transcribiré aquí palabras dirigidas a empresarios y trabajadores - al mundo del trabajo - por el Santo Padre Juan Pablo II en el recinto de Montjuic. en su visita a Barcelona, allá por los años ochenta. Dijo:

«La falta de trabajo va contra el "derecho al trabajo", entendido - en el contexto global de los demás derechos fundamentales - como una necesidad primaria, y no un privilegio, de satisfacer las necesidades vitales de la existencia humana a través de la actividad laboral.» «De un paro prolongado nace la inseguridad, la falta de iniciativa, la frustración, la irresponsabilidad, la desconfianza en la sociedad y en si mismo; se atrofian así las
capacidades de desarrollo personal; se pierde el entusiasmo, el amor al bien; surgen las crisis familiares, las situaciones personales desesperadas, y se cae entonces fácilmente - sobre todo los jóvenes - en la droga, el alcoholismo y la criminalidad.»

«La Iglesia, a través de su Magisterio Social, recuerda que las vías de solución justa de este grave problema exigen hoy una revisión del orden económico en su conjunto. Es necesaria una planificación global y no simplemente sectorial de la producción económica: es necesaria una correcta y racional organización del trabajo, no solo a nivel nacional, sino también internacional; es necesaria la solidaridad de todos los hombres del trabajo. El Estado no puede resignarse a tener que soportar crónicamente un fuerte desempleo; la creación de nuevos puestos de trabajo debe constituir para él una prioridad tanto económica como política.»


Ventajas inmediatas del Contrato de Sociedad

a) Desaparecen las tensiones laborales. Capital y trabajo unidos en sociedad tienen los mismos intereses comunes, igualdad de oportunidades y riesgos.
b) Desaparece la tendencia de que el trabajo vaya absorbiendo el producto económico en detrimento del beneficio empresarial. Con el interés recíproco en la rentabilidad de la empresa, se establece la productividad como norma.
c) Desaparece el tradicional concepto de empresarios y trabajadores, y sus divergencias. Ahora existe una sociedad cuyo capital es cincuenta por ciento propiedad de inversionistas simples y el otro cincuenta por ciento es propiedad de inversionistas trabajadores. Aquéllos cobrarán su dividendo; éstos cobran sus salarios y, además, en conjunto se reparten el cincuenta por ciento de los beneficios de la empresa, es decir, que el capital inversor sólo cobra dividendos, mientras que el capital que además de ser inversor, trabaja, cobra dividendos y salarios.
d) Los trabajadores, en su calidad de socios capitalistas, intervienen en la dirección de la empresa. Tendrán sus representantes que conjuntamente con los representantes del resto del capital social, rendirán cuentas periódicas al total de socios de la empresa, sin ninguna discriminación entre ellos, al tener la sociedad carácter unitario.
e) No se precisa la existencia de ningún Comité de Empresa, porque éstos son órganos creados para un tipo de empresa distinta de la que se está poniendo en marcha. El Comité tenía como función representar al personal frente a la empresa, y ahora el personal es empresa. Por consiguiente, los asuntos que se planteen y se discutan estarán relacionados con problemas propios de la actividad empresarial como son la situación del mercado, los planes de producción, proyecciones futuras, productividad y selección de calidad. El protagonismo sindical interno cambia al no ser necesaria su intervención tradicional. La representación externa estará limitada a la acción individual de los trabajadores, pero no en su calidad de socios de la empresa y sin ninguna repercusión en la misma.
f) Todo el personal participa en la propiedad de la empresa, sin excepciones, en función de su categoría profesional, lo que constituirá un estímulo para la capacitación y promoción a puestos superiores, al representar no sólo una mejora en los salarios sino también una posible mejora en la percepción de utilidades de la empresa.
g) Surge una selectividad natural entre el personal y un afán interesado de superación. Al propio tiempo se estimula un autocontrol en la responsabilidad y productividad laboral, al estar protegiendo intereses comunes y trabajando lo que es «su propiedad». Los propios trabajadores, con la única arma de la responsabilidad, serán los que pondrán término al problema del absentismo laboral. Todos tendrán derecho a participar en el reparto de las utilidades de la empresa, por razón de su trabajo.


Próximo Editorial 30 de Marzo 2002

CONTRATO DE SOCIEDAD (2)
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Francisco Montaner


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