EDITORIAL DEL AUTOR 06/09/2002
LA EMANCIPACIÓN DE LOS SINDICATOS

Constitución del PARTIDO DE LOS TRABAJADORES

Ha llegado la hora del protagonismo sindical

¿Análisis erróneo?

Se afirma que la desaparición del muro de Berlín, emblema de la separación de dos sistemas socio económicos en pugna permanente, ha significado que el capitalismo se imponga como único sistema general. La confrontación de ideas es substituida por la imposición de prácticas económicas con el libre mercado como ley fundamental. Subsisten los términos derechas e izquierdas, con el propósito de .seguir considerándolos símbolos representativos de dos grupos sociales integrados en el libre comercio. Dos palabras de sentido descafeinado que se equiparan a ricos y pobres y, por extensión, a beneficiarios del poder político con control de los derechos de los gobernados.

También se afirma que el empuje del capitalismo apoyado en la nueva tecnología, ha inventado el concepto sociológico de aldea global, dándole el sentido de fraternidad entre los pueblos para integrarse, intercambiar conocimientos y prosperar. Una anestesia controlada para imponer como un hecho irreversible, que las facilidades en las comunicaciones es el factor que posibilita que los beneficios de la globalización lleguen a los lugares más recónditos. Se omite explicar que los resultados de la globalización no son beneficios colectivos sino rentabilidad del capital, expansión de mercados e imperio de las multinacionales, utilizando alta tecnología que permite aumentar la producción, disminuir el coste del trabajo humano y estimular el consumo con sofisticadas ofertas.

Se insiste en que la quiebra del comunismo debe considerarse como la desaparición del único interlocutor que mantenía la confrontación entre dos esquemas socioeconómicos tradicionales, y que su liquidación ha representado la muerte del discurso apoyado en una doctrina económica que ha sido borrada de un plumazo. Consecuencias: se asiste a la desintegración de los liderazgos políticos que ya no tienen nada que ofrecer a la ciudadanía, dejando el camino libre al ascenso político de los representantes del poder económico más conservador. El sector menos favorecido de la población continua acéfalo de la multitud de dirigentes que se repartían la influencia sobre las masas. Al agotárseles la fuente de inspiración, se les secó la materia gris y andan desorientados por no encontrar ninguna propuesta económica que frene ese capitalismo voraz como único sistema. Repiten y repiten discursos vacíos que aumentan el número de ciudadanos que ya no les hacen caso, hecho confirmado por las estadísticas de abstenciones contabilizadas en los comicios de los países democráticos.

Si los dirigentes tradicionales se van apagando, otros surgen con ímpetu asumiendo el liderazgo y encauzando el descontento popular hacia propuestas de futuro aleatorio, con fines distintos. Unos, los antiglobalizadores, aprovechan todos los foros, conferencias, eventos políticos, económicos, sociales o de cualquier clase para convocar y lograr asistencias masivas, unas veces de carácter festivo, otras con conatos violentos y siempre para reclamar un mundo mejor que anulen las diferencias entre personas, países o continentes. Se reivindica una existencia digna. Son idealistas sin programas, sin proyectos ni cohesión que les permita tener fuerza representativa para imponer el diálogo y convencer.

Existen otros grupos multinacionales más sutiles y potencialmente peligrosos, preparando concienzudamente las estrategias puntuales en concordancia con los grados de sensibilidad ciudadana. Son la fracción más dura del capitalismo. Entusiastas de la libertad y de la democracia, de la libre expresión porque dominan los medios y en base a ese potencial y la canalización interesada de la ingenuidad de los electores, consiguen mayorías suficientes para encaminar la política a satisfacer sus fines económicos. En Europa, observamos que el estado del bienestar socialdemócrata ha sido atacado frontalmente con tres exigencias: “desregularizaciones”, con las que se permite libertad absoluta de los precios de mercado; “flexibilización” equivalente a desproteger el ámbito laboral; “privatizaciones”, con el argumento ficticio de defensa del consumidor estimulando la competitividad entre las empresas para conseguir mayor calidad y menores precios. Se enmascara la realidad de que toda privatización significa vender el patrimonio del Estado acumulado durante generaciones e ingresar ingentes cantidades de dinero que servirán para tapar huecos presupuestarios. Se jactarán de buenos administradores ocultando que el Estado ha quedado esquilmado en el patrimonio colectivo en favor de potentes grupos económicos. Los pequeños ahorradores, por falta de recursos, sólo pueden conseguir escasas porciones del reparto de la suculenta torta de las privatizaciones. En el ambiente siempre quedan suspicacias sin huellas probatorias.

Estos grupos ya son decisivos en cinco países de la UE. a los que España puede incorporarse si el Gobierno actual completa su metamorfosis. La primera etapa del Partido Popular, con mayoría relativa, presentó una fachada de diálogo forzoso, frenando sus propósitos atávicos. La mayoría absoluta del segundo período le ha permitido mostrar su autoritarismo tradicional. Para no asustar a los electores el Partido Popular se reserva la aplicación de su verdadera esencia, condicionada a la renovación de su mayoría absoluta. Si la consigue se conocerá la idiosincrasia del PP, y ya serían seis los Estados que, con una política conjunta ultra, podrían frenar la unidad política europea.

Francia estuvo a punto de comprometer su emblemática divisa liberté, égalité et fraternité.

Existe otro grupo definido hace años por el Santo Padre Juan Pablo II durante su visita a Barcelona. Dijo:

«De un paro prolongado nace la inseguridad, la falta de iniciativa, la frustración, la irresponsabilidad, la desconfianza en la sociedad y en sí mismo; se atrofian así las capacidades de desarrollo personal; se pierde el entusiasmo, el amor al bien; surgen las crisis familiares, las situaciones personales desesperadas, y se cae entonces fácilmente - sobre todo los jóvenes - en la droga, el alcoholismo y la criminalidad.»

El origen de todas esas calamidades está en la falta de trabajo, que deja el cuerpo inactivo mientras la mente trabaja buscando la forma de matar el tiempo. La combinación de una mente activa, ocio obligado y la falta de recursos para cubrir las necesidades primarias, equivale a un cóctel explosivo. Proporcionad puestos de trabajo permanentes y la sociedad se transformará para bien. Esta meta ideal se consigue con la globalización de la vivienda descrita en esta página Web, punto de partida del pleno empleo.

NUEVO MODELO ECONOMICO

El capitalismo actual es un caballo desbocado galopando sin freno, sin obstáculos a la vista, con campo libre para atropellar en cualquier dirección sin volver la cabeza .No hay jinete que le domine para moderar su carrera. Tampoco dispone de montura ni medios para intentar que la riqueza creada en forma de globalización de la economía llegue, ni que sean migajas, a los estratos más pobres de la sociedad; pero la idea de que el capitalismo ha quedado como amo y señor de la organización económica mundial no es totalmente válida. Cierto que ha desaparecido el contrapeso del comunismo. También es cierto que los partidos socialdemócratas envejecidos navegan sin rumbo debido a luchas internas cuya máxima prioridad es conservar o llegar a posiciones personales de liderazgo. En ese contexto es imposible el debate de nuevas ideas por inexistentes, limitándose a rebuscar estrategias políticas que no conducen a nada porque el discurso es pura retórica intrascendente. No se les ocurre examinar nuevos horizontes que despierten ilusiones a ese 35 por ciento del electorado que se queda en casa volviendo la espalda a tantos políticos de adorno, obcecados con las encuestas y en conservar su puesto. Triste espectáculo de derrota de la imaginación creativa para buscar un nuevo planteamiento de la economía que se ajuste a los principios neoliberales y al más puro capitalismo.

No es casual el auge de los partidos ultras. Sus discursos adormecen la mente de los votantes con la habilidad de transformar hechos ciertos en consecuencias incorrectas. Su arma principal es estimular la xenofobia despertando rencores y rechazos para acumular votos, sin importar las consecuencias. Los verdaderos problemas económicos sociales de la ciudadanía permanecen intactos.

¿Es posible un nuevo modelo económico ajustado al más puro capitalismo como respuesta al avance ultra y al populismo incontrolado?

La respuesta es afirmativa, pero habrá que cambiar algunos chips hasta ahora considerados inamovibles.

Como condición previa es necesario abandonar el concepto de derechas, izquierdas y centros equidistantes. Derechas e izquierdas son dos términos diametralmente opuestos e irreconciliables porque se identifican con personas. Yo los interpreto como dos partes integrantes del cuerpo social sin existencia física intrínseca, que pueden complementarse y colaborar estrechamente sin problemas ni incompatibilidades si disponen de los dispositivos apropiados.

Objetivamente, son dos polos permanentes e inseparables de la producción de bienes, con nombre propio, es decir, capital y trabajo, imposible de existir individualmente. De esta forma, sin atributos subjetivos, con interdependencia total, podemos plantear la integración de ambos motores del sistema económico - social en una nueva forma de actividad conjunta para el siglo XXI, de la que emane igualdad de derechos y obligaciones para el capital y para el trabajo. Este sería el nuevo modelo económico integrado en el capitalismo.

Unión del capital y el trabajo como forma de desarrollo económico para el siglo XXI. ¿Porqué? La respuesta es obvia: no puede existir trabajo sin capital y el capital sin el trabajo no sirve para nada. En consecuencia no es de justicia social que, cuando los dos colaboran, el trabajo quede supeditado al capital y que éste se quede con el beneficio; ni es lógico mantener un estado de conflicto permanente que frena el desarrollo pudiendo trabajar unidos con participación igualitaria en los beneficios.

Debo explicar con detalles el proceso de esta unión porque el planteamiento parece sugerir, sin más, que el trabajo se quede con la mitad de los beneficios conseguidos por las inversiones del capital. Tal conclusión es un exabrupto.

La unión, no colaboración, significa sustituir el Contrato de Trabajo en que el empleador sólo paga un salario y cubre las atenciones sociales según legislación vigente, por el Contrato de Sociedad mediante el cual el trabajo recibe las mismas remuneraciones y además el cincuenta por ciento de los beneficios empresariales porque previamente, en conjunto, ha hecho aportaciones dinerarias iguales a las realizadas por el capital. Por tanto, es justo que el trabajo se atribuya el 50 por ciento de los resultados empresariales además de los salarios que le correspondan.

Los fundamentos, la estructura, las distintas combinaciones de asociación capital trabajo. quedan explicados detalladamente en los tres editoriales que con el título de CONTRATO DE SOCIEDAD, figuran en esta WEB. A ellos remito al lector.

Del informativo nº 149 del “Grano de Arena” de fecha 24/07/02 patrocinado por ATTAC, transcribo fragmento del artículo de Dominique Plihon, economista, profesor de la Universidad París Norte y Presidente del Consejo Científico de ATTAC - Francia, titulado

“ENRON -. WORLDCOM - VU y los demás o la crisis del nuevo capitalismo”

“Son dos las primordiales reformas que se requieren. Es necesario en primer término orientarse hacia una nueva concepción empresaria en la que la empresa se halle considerada no ya como un “objeto” perteneciente a los accionistas sino como una “comunidad de intereses” cuya finalidad no sea buscar beneficios sino crear empleos y riqueza. Es preciso por lo tanto terminar con una idea de la gestión enteramente dirigida a “crear valores accionarios”. Ello implica una refundación del marco jurídico actual que reconozca los derechos de todos los que participan en la empresa entre quienes los primeros deben ser los asalariados. Estos constituyen la actual fuerza económica fundamental basada en el conocimiento y deben serles reconocidos sus nuevos derechos poniendo limites a los vinculados a la propiedad del capital y otorgándole poder obligatorio a un código laboral que actúe por sobre las estrategias de los accionistas”

Este artículo lo estimo importantísimo porque, sin ningún nexo con el autor, coincidimos en la necesidad de reconocer al trabajo derechos que, hoy, monopoliza el capital . Estoy convencido que el Contrato de Sociedad que describo cumple con todas las exigencia que el profesor Plihon plantea con urgencia, aunque sin concretar la forma ni los medios para lograrlas.

Cuando afirmo que en el siglo XXI el Contrato de Sociedad se impondrá al vigente Contrato de Trabajo, no es una utopía ni representará ningún trauma, sea para el capital, sea para el trabajo. Se trata de una nueva modalidad de laborar dentro la economía capitalista, como lo son las multinacionales, las franquicias o la propia globalización, con la diferencia que en las tres modalidades el capital absorbe la totalidad de plusvalías mientras el trabajo se queda con el aumento del desempleo. En el Contrato de Sociedad el capital recibe los beneficios proporcionales a su inversión y el trabajo también percibe la misma cantidad en calidad de socio inversionista independientemente de su carácter de asalariado.
Otras consecuencias de la unión del capital y el trabajo serán la desaparición de los conflictos laborales, el aumento de la productividad y una administración más diáfana en las empresas

Remito al lector al contenido de esta página Web dónde presento el Programa de globalizar la vivienda como punto de partida para acumular cuantiosos recursos económicos de los que sólo una parte. bastará para financiar los aportes a favor del trabajo, justificando así la exigencia de paridad de derechos con el capital


Contrato de Sociedad. Crisis de liderazgo

¿Quiénes deben ser los gestores de este nuevo modelo de producción económica ajustado a la más pura naturaleza capitalista?

Rotundamente no pueden ser los partidos políticos porque, por rasgos innatos y por incompatibilidades personales, desvirtuarían el sistema antes de consolidar su funcionamiento.

La orfandad de liderazgos políticos para sugerir nuevos proyectos económicos, es el origen de la desconfianza de los electores. Únicamente ofrecen proyectos de administración de recursos orientados a servicios, cómo mejorar la calidad en la seguridad ciudadana, instituir la policía de barrio y jueces de proximidad o crear centros de adaptación para inmigrantes. También la elección directa de alcaldes y otras ocurrencias semejantes Ninguna iniciativa para fomentar el empleo, proveer viviendas a la juventud para facilitarles la rápida formación de nuevas familias o evitar la frustración de los universitarios recién graduados inscritos en el paro, obligados a aceptar cualquier empleo. ¿Cómo a políticos de esta talla puede confiárseles el desarrollo y ejecución del Contrato de Sociedad destinado a ser el eje de la relación laboral en el siglo XXI?.

Si nos atenemos a los movimientos antiglobalización todas las iniciativas contienen peticiones destinadas a cubrir necesidades. Ningún planteamiento para mejorar la economía productiva. Como recursos de financiación reclaman una tasa a las transacciones monetarias. Ningún proyecto para generar trabajo y consolidar el ciclo de producción - consumo - ahorro.. De buena fe, con esperanzas, exigen un mundo mejor porque es posible, pero los resultados conseguidos no compensan las energías consumidas y por este camino se va a conseguir bien poco.

También existen los predicadores de la democracia participativa, verdaderos fulleros políticos. Su discurso populista despierta expectativas pero si logran encaramarse en el poder se convierten en tiranos. Sobran ejemplos


Los sindicatos promotores natos del Contrato de Sociedad

El Contrato de Sociedad debe ser promocionado directamente por el trabajo, sin intermediarios, que no los necesita.

A la sombra de las reivindicaciones obreras, de estricto carácter laboral, nacieron las agrupaciones políticas. Visto así, se puede establecer este sencillo esquema de la evolución de las relaciones entre sindicatos y partidos políticos.
1. Un primer período en que la clase obrera, en la época industrial, lucha contra las máquinas por considerarlas destructoras de puestos de trabajo. Sin otro apoyo que su voluntad de protesta por las condiciones inicuas en que están sometidos, sus luchas se limitan a la jornada laboral, salarios, condiciones de trabajo de las mujeres y niños y poco más. Estaban prohibidas y penadas todas las formas de asociación.

2. Agrupación de voluntades de las que surgen las internacionales comunistas inspiradas en la doctrina de tabla rasa y construcción de una nueva sociedad. En esa doctrina el trabajo ve promesas a largo plazo y sus necesidades inmediatas continúan siendo las mismas

3. En España se fundan: en 1879 el Partido Socialista Obrero Español; en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT) de inspiración socialista y en 1910 la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de inspiración anarquista.

4. Por tanto, existe la siguiente secuencia: a). Trabajo, actúa en solitario frente el poder del capital. b) No existen partidos políticos. Cuando éstos se forman absorben la dirección del movimiento obrero convirtiéndose en sus portavoces, con vocación de conseguir representación partidista en las distintas instituciones estatales. Se apoyan en la masa sindical para conseguir votos. Así, los sindicatos se convierten en satélites de los partidos c) Los sindicatos se emancipan, recobran su independencia. Indudablemente subsisten las afinidades, pero los órganos de dirección son autónomos.

Los sindicatos recobran su autonomía pero sin capacidad directa para intervenir en la política estatal. Sólo les queda el derecho de huelga como poder de presión, estrictamente regulado, con efectividad limitada y siempre a remolque de la legislación aprobada por los gobiernos de turno. Así nos encontramos que el trabajo, que junto con el capital son los dos motores de la economía, no tiene voz ni voto real en las instituciones que dictan las leyes laborales. Las peticiones sindicales van a remolque de la voluntad de los partidos políticos, cuyas estrategias se establecen en función de su renta electoral, en votos.

Como necesidad inmediata, si de verdad los sindicatos quieren que los trabajadores se eleven a la categoría de empresarios mediante el Contrato de Sociedad, deben añadir a su independencia la facultad de deliberar directamente en las instituciones que promueven y aprueban las leyes, recuperando la autonomía de poder estudiar, defender y aprobar disposiciones generales en favor del trabajo y de la ciudadanía. De esta forma los sindicatos responden a la prepotencia del autor de la frase de que la legitimidad no la da las huelgas sino las urnas. Con ese principio democrático los Sindicatos deben materializar su fuerza de convocatoria en la calle en votos en las urnas, votos nominativos, propios e intransferibles que les legitime la representación parlamentaria directa no sólo para hacerse oír sino para impulsar, en función de Gobierno, el Contrato de Sociedad si los electores les apoyan.


Nueva política del Sindicato futuro
Los sindicatos deben modernizarse

Llegados a este punto hay que meditar en lo que escribo a continuación.

El sindicato es la agrupación de trabajadores formando una unidad de intereses frente a la parte propietaria de los medios de producción. De esta forma el sindicato es el organismo que tutela todos los derechos laborales. Si el sindicato no tuvieses connotaciones políticas, aceptaríamos la posibilidad de unos dirigentes sindicales políticamente neutros, carentes de cualquier preferencia por una sociedad organizada según módulos determinados, preocupados exclusivamente en atender los problemas derivados del trabajo en su relación con el capital; pero el sindicalista no puede vivir en un estado de indiferencia política porque el entorno en que vive es político por excelencia y, quiera o no quiera, está inmerso en dicho entorno. El binomio sindicato - partido político ha dejado de existir. Sus objetivos son distintos, pero si nos atenemos a la realidad, continua existiendo, sin que uno sea instrumento del otro, cierta interacción entre ambos, aunque siempre es la actividad sindical la que está supeditada a la actividad política, no en actitud de dependencia sino como resultado de las limitadas atribuciones del sindicato. La razón es simple: la dirección del Estado está en manos de los partidos políticos a través de los poderes legislativo y ejecutivo. Los sindicatos pueden opinar, negociar, también influir, pero proponer y aprobar leyes no configuran sus competencias.

Si analizamos el factor humano de ambas instituciones - sindicatos y partidos políticos - comprobamos que el sindicato es una organización de trabajadores de pensar heterogéneo, unidos por unas mismas necesidades de trabajo y aspiraciones comunes de conseguir elevado nivel de vida; por tanto, es obvio que el sindicato estará integrado por una comunidad de intereses cuantitativamente muy superior a los afiliados que pueda tener un partido político. En cambio, serán los partidos políticos con menor número de componentes, los que tienen la misión de regir la política de la nación, incluida la económica y la laboral. En los comicios la masa sindical desaparece y se distribuye entre los partidos políticos para elegir los representantes nacionales y locales. Si los sindicatos tienen algún proyecto en mente, tendrán que proponerlo al partido más afín. Si éste no tiene mayoría parlamentaria deberá negociar la aprobación dudosa del proyecto. En definitiva, los sindicatos quedan supeditados a las decisiones políticas, sean o no de su agrado, dándose el absurdo que por no utilizar directamente su fuerza electoral, muy superior a la partidista, siempre deberán aceptar los resultados de las urnas, sin garantía que la correlación de fuerzas resultante no favorezca a organizaciones ultras que se consoliden en el poder.


Los sindicatos como Partidos Políticos

La situación cambiaría si los sindicatos administrasen políticamente su fuerza de convocatoria presentando un proyecto ejecutable de resultados inmediatos, a corto y a mediano plazo. Consecuencia: la dependencia tradicional hacia los partidos políticos habría terminado. Para que este cambio sea posible son suficientes se cumplan tres condiciones: la primera que exista el convencimiento que el Contrato de Sociedad en substitución paulatina del Contrato de Trabajo, eleva a los trabajadores al nivel de empresarios. La segunda, tener conciencia que el movimiento sindical no es único pero la clase trabajadora sí lo es, con las mismas necesidades e idénticos anhelos. Por tanto, se impone el criterio de unidad porque no existen estrategias a discutir sino un nuevo proyecto laboral a ejecutar. La tercera condición es que los sindicatos unificados, por ser una sola la clase laboral, adecuen su tutela a los trabajadores transformándose en el partido político del trabajo, acudiendo a las urnas con un programa social único, que comprenda básicamente dos propuestas: el Contrato de Sociedad para que los trabajadores accedan a la propiedad compartida de los medios de producción y un proyecto de construcción ilimitada de viviendas a pagar en 30 años con una serie de beneficios sociales agregados. Proyecto de acuerdo con la globalización del trabajo, aliado con el más puro capitalismo y bajo la bandera de la unión del capital con el trabajo. Así, los sindicatos unificados tendrán el apoyos de todos los trabajadores independientemente de su identificación con el ideario de cualquier organización. También despertarían el interés de ese 35 por ciento de electores que renuncian su derecho al voto hastiados de escuchar descalificaciones mutuas y promesas electorales abstractas y absurdas, evidenciando que los aspirantes a ser elegidos no reparan en los medios para conseguir sus fines. Además sería la respuesta contundente e inesperada al titular de prensa del 27 Julio 2002 que copio textualmente;

“ Rato amenaza a los sindicatos con aprobar la reforma de la negociación colectiva. CC.OO. y UGT advierten al Gobierno que responderán con una nueva huelga general”

Yo pregunto, una huelga general ¿para qué? Los Gobiernos prepotentes escudados en mayorías parlamentarias absolutas o coaliciones estables, son impermeables. El derecho de huelga sólo lo aceptan como un purgante. Si en lugar de una huelga general los sindicatos amplían sus áreas de actividad y de inmediato intervienen abiertamente en la política nacional constituyendo el Partido de los Trabajadores, es posible que el purgante de la prepotencia hiciese sus efectos. Partido político integrado en el Gobierno, responsable de las áreas de trabajo y previsión social, de la ejecución y control del Contrato de Sociedad y también, junto con los representantes del capital, ejecutar el Proyecto de construcción ilimitada de viviendas autofinanciadas y todo el sistema de generación de recursos descrito en esta Web, suficientes para financiar la nueva organización laboral, la creación de empresas con la participación del 50 por ciento a favor del trabajo y la promoción de empleo inmediato con la construcción de viviendas e infraestructuras de toda índole.

Las restantes funciones de Gobierno no sufrirían ningún cambio siguiendo los cánones ordinarios de la organización, administración y defensa del Estado.

Naturalmente, es de esperar que una proposición de esta naturaleza dirigida al progreso del bienestar social, levantará voces de protesta y descalificaciones de los que tienen la política como profesión y medios de vida.
No se escuchará ninguna critica razonada.

Si los sindicatos no toman la iniciativa de convertirse en partido político para desarrollar el Contrato de Sociedad, no esperen que sean las organizaciones existentes que lo hagan, por la imposibilidad de acuerdos por contraposición de intereses partidistas. Sería una ocasión perdida y también una nota negativa en la larga historia de la lucha sindical. Pero, con seguridad, sólo se trataría de un aplazamiento porque, inexorablemente, deben revisarse las relaciones capital trabajo para adecuarlas a las exigencias económicas sociales del presente siglo y, de momento, sólo existe un proyecto en firme llamado CONTRATO DE SOCIEDAD.

Los profesionales de la política consideran los problemas del trabajo bajo un prisma teórico porque el desempleo no les afecta. Cuentan con relaciones extensas y conexiones productivas que incluso les permiten ofrecer trabajo a sus correligionarios dóciles. En los sindicatos existe solidaridad humana; en los partidos político la solidaridad escasea dominando las actitudes soterradas del codazo e intrigas descarnadas para llegar a los primeros puestos del poder. Se me dirá que esto siempre ha sido así. Conforme. Por eso digo que en el siglo XXI los sindicatos tienen la oportunidad de lograr que la combinación productiva capital-trabajo transforme la sociedad hacia horizontes de solidaridad humana, efectiva y afectiva.

Los sindicatos deben aceptar la responsabilidad histórica de legislar por si mismos si quieren que sus raíces solidarias sembradas en el siglo XIX, razón de ser de su existencia, no se diluyan aceptando su subordinación a las decisiones políticas de organizaciones no obreras. Tal actitud equivaldría renunciar a la liberación económica de los trabajadores, conseguida sin traumas y con la ilusión de que, por fin, exista un entendimiento y una unión firme entre el capital y el trabajo, logrando, de verdad, el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción

Plantar cara a la arrogancia de los dirigentes políticos, desplazarlos de su protagonismo hereditario y demostrarles que con trabajo y no con intrigas es cómo se hace país y se crea bienestar colectivo. En esta página Web existe todo el material necesario para lograrlo.

Francisco Montaner


Globalizar la vivienda con coste cero